Crecimiento y desarrollo

Jesús les decía: “¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de una vasija o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero? Porque nada hay oculto, si no es para que sea manifestado; ni nada ha estado en secreto, sino para que salga a la luz. Si alguno tiene oídos para oír, que oiga.”

Además les decía: “Cuídense de lo que oigan. Con la medida con que ustedes midan, se les medirá, y aun más se les dará. Porque al que tiene, se le dará más, pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.”

Jesús decía también: “El reino de Dios es como un hombre que echa semilla en la tierra, y se acuesta de noche y se levanta de día, y la semilla brota y crece; cómo, él no lo sabe. La tierra produce fruto por sí misma; primero la hoja, luego la espiga, y después el grano maduro en la espiga. Y cuando el fruto lo permite, él enseguida mete la hoz, porque ha llegado el tiempo de la siega.”

También Jesús decía:“¿A qué compararemos el reino de Dios, o con qué parábola lo describiremos? Es como un grano de mostaza, el cual, cuando se siembra en la tierra, aunque es más pequeño que todas las semillas que hay en la tierra, sin embargo, después de sembrado, crece y llega a ser más grande que todas las hortalizas y echa grandes ramas, tanto que las aves del cielo pueden anidar bajo su sombra.”

Con muchas parábolas como éstas Jesús les hablaba la palabra, según podían oírla; y sin parábolas no les hablaba, pero lo explicaba todo en privado a Sus propios discípulos.

Ese mismo día, caída ya la tarde, Jesús les dijo: “Pasemos al otro lado.”

Despidiendo a la multitud, Lo llevaron con ellos en la barca, como estaba; y había otras barcas con El. Pero se levantó una violenta tempestad, y las olas se lanzaban sobre la barca de tal manera que ya la barca se llenaba de agua. Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre una almohadilla; entonces Lo despertaron y Le dijeron: “Maestro, ¿no Te importa que perezcamos?”

Jesús se levantó, reprendió al viento y dijo al mar: “¡Cálmate, sosiégate!” Y el viento cesó, y sobrevino una gran calma. Entonces les dijo: “¿Por qué están atemorizados? ¿Cómo no tienen fe?”

Y se llenaron de gran temor, y se decían unos a otros: “¿Quién, pues, es Este que aun el viento y el mar Le obedecen?”

Marcos

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